domingo, 1 de febrero de 2009

En el camino al lado del río: Los ojos negros de Kayla

Kayla se sentaba en la esquina izquierda al fondo del salón con sus brazos cruzados, sus labios brotados, y sus ojos negros, tan negros como su piel, bien abiertos. No hablaba con nadie, o casi nadie, a exceptuar por una rubia que se cambió de curso una semana después y de una afgana muy joven que siempre cubría su cabeza con un pañuelo.
Lo que sus labios no decían sus ojos lo gritaban: rabia, tristeza, soledad, cansancio. Sus ojos contaban una historia que los míos no lograban descifrar. Cuando la miraba, Kayla me devolvía la mirada desafiante. Cuando yo hablaba sentía que me miraba con desprecio. Estaba equivocada. Lo que al principio entendí como desprecio un día descubrí que era miedo.
El calvo cuarentón la obligaba a participar en clases hasta que ella con su voz seca y con una actitud de soberana le dijo que si ella no hablaba era porque no quería, no porque no supiese hacerlo. La admiré desde ese día. Alguien que pusiese en su lugar al calvo cuarentón merecía respeto.
Un día nos tocó en el mismo grupo. La actividad era anotar en una ficha las fechas importantes de nuestra vida y hablar de ellas. Un invento del calvo cuarentón para ponernos a hablar inglés. Yo hablé del día de mi graduación, de mi compromiso, de mi matrimonio, del día en que llegué a esta ciudad. Los otros dos, al igual que yo, contaron historias sin demasiada importancia, Kayla en cambio nos sorprendió. Señaló una fecha en la tarjeta azul:
-Este es el día en que me enteré que mi madre no era mi madre- dijo, con sus ojos clavados en cada uno de nosotros.
Kayla creció en Puerto Príncipe, Haití, con su abuela y su hermana mayor a quien siempre conoció como su madre. El día que tenía anotado en la ficha, su verdadera madre había llamado desde Nueva York, después de 15 años (ella tenía 20).
- Me dijo que era mi madre, que vivía en Nueva York y que quería que fuese a vivir con ella-.
Un mes después Kayla se despidió con los ojos llenos de lágrimas de su hermana y su abuela, y se marchó a Nueva York. Esta era la historia que sus ojos negros escondían: En tres meses había cambiado completamente de vida. Había abandonado por primera vez a su natal Puerto Príncipe, había dejado a su hermana, la mujer que la crió, había conocido a su madre, una mujer de la cual nunca había escuchado a hablar y se había enterado que tenía dos hermanos y un padrastro.
Los otros dos del grupo, un lituano y un ucraniano, ambos de ojos azules la miraban perplejos y le preguntaban si quería a su nueva madre.
- Mi madre es bellísima y buena gente pero no es mi madre. Extraño a mi hermana.
Kayla no sabía todavía por qué su mamá la había abandonado. No sabía tampoco por qué la había buscado justo en este momento, aunque si mencionó que según y que quería que su hija tuviese más oportunidades, mucho menos sabía por qué su hermana y su abuela nunca le hablaron de ella, aunque intuía que era porque pensaron que su progenitora nunca más iba a aparecer.
Kayla tenía pocas respuestas y pocas ganas de hacer preguntas. En cambio, tomaba la vida poco a poco, con toda la fortaleza que su alma le permitía y se refugiaba en la esquina izquierda del fondo del salón, justo detrás de sus ojos negros.

9 comentarios:

El Jardinero del Kaos dijo...

Es mi madre pero yo no soy su hija...Lo he escuchado y me parecio raro, me lo dijo una vez una persona, yo tenia 11 años. me tomo tiempo entenderlo, la historia de kayla es similar a la de esta persona, por otro lado los haitianos son gente muy curiosa...

saludos!!!

Terapia de piso dijo...

Y con vidas así es cuando me pregunto por qué me atormento tanto.

José Roberto Coppola

Galán de Barrio dijo...

Estaba comentando otros blogs, y decidí dejar lo mejor para el final 

Interesante historia la de Kayla, pero más interesante aún por cómo la contás. Creo que vos podrías tomar el ejemplo más parco, la historia más gris y aburrida de cualquier X que ande suelto por ahí y convertirla en un maravilloso e interesante relato, tenés ese don.

Con respecto al texto anterior, tu pedido de ayuda me dio ternura. La felicidad, así, tal como la entendemos, lo que queremos decir cuando hablamos de “felicidad” (creo yo) que es tan sólo un límite, como en matemática, que tiende al infinito… tiende, pero nunca llega. Es un concepto como el de perfección, por ejemplo. ¿Existe la perfección? ¿Existe algo que sea perfecto? Sin embargo, ¿podría ser perfecto si no existe? Bueno, la felicidad lo veo como algo parecido. “¡Ay, quiero ser feliz! ¡No soy feliz! ¿Qué es la felicidad?”.

Las cosas no son malas ni buenas, tristes ni alegres, felices ni infelices. Esos son todos conceptos humanos, no aplicables a los hechos en sí. Es decir, sí se los puede aplicar, después, como una etiqueta, pero no pertenecen a su esencia. Las cosas son, y punto.

Tomalas como mejor te parezca

Gracias por tu comentario, me gustó lo que me decís (risas)

Besitos!

Galán de Barrio dijo...

perdón, olvidaba explicar lo del fernet...

es una bebida alcohólica, negra, procedente de italia, imposible de beber sola... por esa se la mezcla con coca cola, más o menos en proporción de 1/4 de fernet y 3/4 de coca por vaso

la marca más conocida, la más rica, es el Fernet Branca

ahí en el costadito del blog, donde dice "convido a los visitantes", podés ver una botella

besos!

Ricardo Castillo dijo...

Lindisimo el post.!

Gastón dijo...

Se sabe...
Hay miradas que dicen mucho más que las palabras.
(ojalá todos aprendieran a mirar al otro a los ojos)

Besos mirándote

Lore dijo...

Qué fuerza la de Kayla!, qué increíble... Me gusta Kayla, tan altiva y miedosa a la vez. Qué decir... me fascinó!

Andrés Schmucke dijo...

Tienes un ángel al escribir impresionante y yo me pregunto si alguna vez podré imprimirle a mis textos lo que tu le imprimes a los tuyos. Leerte es fenomenal, a Lulu le pedimos, Lulu nunca crezcas no cambies jamas (claro, cambiando Lulu por vuestro nombre real)

¿Sabes que rumbee con la actriz que hace de Catalina en un rock al parque? La jeva es plana total, pero un vacilón.

Saludos...

Extranjera dijo...

Jardinero: sí, impresiona eso.
Terapia: sí, a veces somos muy malagradecidos.
Galán: gracias por decir todo eso de mi forma de escribir. Gracias también por tus consejos sobre la felicidad, he meditado mucho sobre ellos. Quiero probar el fernet!
Ricardo: gracias.
Gastón: cierto, es importantísimo mirar a los ojos.
Lore: si, la Kayla tenía esa contradicción. A mi me daba un poco de miedo.
Andrés: gracias por lo que me dices pero no seas bobo que tu has escrito no se cuantas novelas, ojalá tuviese yo tu voluntad. Que fino que rumbeaste con la Cata. Por cierto amo la canción de Lulu. Licantro me la canta a veces.
Besos!