sábado, 13 de junio de 2009

Hoy sólo quiero una empanada

Nada de waffles, ni de panquecas con blueberry ni de pan con mantequilla de maní. Hoy no quiero bagels con queso crema, ni cereal, ni mucho menos omelette, pues la verad es que no me gusta el huevo, pero ni siquiera quiero arepas. Hoy, ahorita, justo en este instante, cuando es temprano y el Licantro todavía duerme (yo no pegué un ojo en toda la noche, quién sabe) sólo quiero un par de empanadas fritas rellenas de queso blanco.
Como las de la señora de la cantina del colegio de monjas, bien grasosas o "grasientas" como les decíamos, tanto que después había que ir corriendo a lavarse las manos para que el aceite saliera. Como las que me comía en el camino a Choroní, cansada del viaje en carro, una hora antes de alcanzar el destino. Como las que hacía la señora Miriam en mi casa, pequeñitas, con los extremos tostaditos y el queso chorreando. Como las que me comía en Margarita antes, durante o después de una pea. Como las que compraba en un cusucho horroroso cuando trabajaba en El Silencio. Como esas que despreciaba en Caracas y que ahora quiero con desenfreno. Harina pan, queso y aceite. Ummm...
Ya va. Yo tengo harina pan en la cocina. Sólo hace falta el queso. ¿Qué hora es? Las 9:00 am. Ya el supermercado está abierto.
"Bebé", le dije a Licantro, todavía enrollado como un gusano en la sábana amarilla, "voy al super". Llegué con mi queso blanco de freir, que no sabe igual al que venden en Caracas pero que hace las veces. Licantro estaba despierto.
- Vamos al yoga- dijo.
- ¿A qué hora es?- respondí.
- A las 11:30 am.
- Umm, ¿nos da tiempo de desayunar empanadas?
- ¿Empanada?
- Sí, es que tengo un antojo loco desde las 6:00 am de comerme una empanada.
Llamada a la suegra, detalles técnicos. Se hace una bolita se pone sobre el papel plástico, se aplasta, se coloca el queso, se lleva un extremo del papel plástico al otro, y así se le da la forma. No me quedaron como las de la cantina del colegio pero mal no están.
Aceite que hierve, Licantro que las pone a freír. La boca que se hace agua. El sonido de la fritanga, el olor del aceite quemado, sal y queso...
El mar de la Guaira. La arena, el sol que quema la piel, el cabello lleno de salitre que se alborota con el viento. Las camionetas "machito" estacionadas al borde de la playa, la salsa, el reggeaton, el punki punki a todo volumen. Los cuerpos que se pasean por la orilla. La guarapita con agua ardiente barata de la bodega de la esquina y jugo de parchita. Las empanadas en bolsita de papel marrón. La ilusión de encontrar al país en un mordisco. Empanadas de queso mientras observo los edificios de Nueva York desde la ventana.

14 comentarios:

Giovanellax dijo...

Siempre hace falta recordar los sabores para fijar momentos de nuestra historia.

Sí me permites la sugerencia, Te faltó fue el puntito de azuúcar a la masa para darle el toque de Oriente Venezolano.

Desde los suburbios caraqueños, Saludos, Te lee. Gio

ana_marie dijo...

NOSTALGIA. eso es lo que me duele cuando pienso que debería irme de venezuela

Vanesa dijo...

Ah!! que rico extranjera!!...tu sabes que yo cuando me dan esos antojos..uso el queso Feta...jajajaj pero que rico que pudistes darte el gusto de las empanadas...a mi a veces me pasa con los golfeados...nada como los de la panaderia San Juan en maracay con el quesito de mano..ahh ya me dio hambre! Nada querida un placer siempre leer tus relatos llenos de nostalgia, de sueños, de sabor venezolano con toque neoyorquino!..Besos

Herminia dijo...

Ay extranjera!

Te cuento que después de 27 años, la cosa no mejora. Sigo teniendo antojos de mole, tacos, carnitas, flautas, todo bien picante, "enchiloso", no importa el arrepentimiento del día siguiente. Sigue uno cargando con su costal de nostalgia, kilómetros de añoranza y años de desarraigo.

Y lo peor es que a estas alturas, con medio siglo + 1 año a cuestas, tengo que pensar en emigrar de nuevo... Que tristeza! Eso sería agregar más lugares, personas, cosas, comidas, momentos que extrañar a mi larga lista.

Pero, es la vida. Tenemos que pagar el precio de no tener por lo que si tenemos. La cuestión es que el primero sea proporcional o menor que el segundo.

Besos y que sigas haciendo ricas empanadas grasientas.. divinas!

victor_marin dijo...

amé esta crónica! a mí me encantan las empanadas también así que amo leer escritos gastronómicos jeje se me hizo agua la boca y todo ;)

abrazo frito y crujiente

Carla dijo...

Muy buen post, siempre necesitamos de esas cosas tan simples para sentirnos como en casa

Andrés Schmucke dijo...

Yo quiero empanadas, pero la dieta no me lo permite...

Para que me entré el traje debo rebajar, pero soy extremadamente flojo para esclavizarme en un GYM... Al diablo, voy por mi empanada.

Anónimo dijo...

Ay hermana...
Me fui en el viaje de la playa...
Me olió el salitre y el aceite de freír en los calderos negros curtidos de mucho uso y pocas lavadas con ese sabor de experiencia, quemadas y cuanto sabor se podía rellenar, todo frito en la misma palangana...
La margariteña curtia' que poco le faltaba para sacar la empanada del aceite con las manos de lo acostumbradas que estaban de trabajar con cosas tan calientes y quemarse con el aceite como mostraban sus múltiples cicatrices...
Las formitas y huequitos para diferenciar los sabores, la neverita con la frescolita, la "pesicola", chinoto o la polarcita bien friita... el cazon, pabellon, carne, pollo, queso blanco, domino, tajada con queso, queso amarillo, playa el agua, nuestras vacaciones...
El sabor del queso en la boca lo sentí también...
TODO!!!...
Quiero nuestra Margarita de antes...
Espero que no te den antojos de cachapa y cocada porque ahí si que vas pasar un poquito más de trabajo... :S
Tenemos que terminar de chimear! Love you! ;D

Agustina R. dijo...

Es lógico que te agarre esa nostalgia de vez en cuando. Especialmente cuando son culturas tan diferentes,con comidas y costumbres tan distintas. Me alegro que hayas logrado remontarte un poco a otras épocas. Y, comparto el gusto por las empanadas!

Charal dijo...

-El mar de la Guaira. La arena, el sol que quema la piel, el cabello lleno de salitre que se alborota con el viento...- Uff como me quede en estas líneas ^^ de alla vengo y por lo que veo de ahi siempre sere no importa donde este! Bonita manera de hablar de Venezuela Caramba! ^^ Hehehe...


Saludos y muchas gracias por los comentarios en mi blog, seras siempre bienvenida! =)

Lore dijo...

La comida también nos lleva de paseo, buen viaje, mi chica linda, buen viaje.

Qué rico caminar en Caracas, ¿no?

Besos y abrazos, te quiero miles!!

Terapia de piso dijo...

Y yo que hice empanadas a mi amiga en Estocolmo. Puedes creer. Fue lo maximo. Y me quedaron ricas hehehehe

Te quiero ver tanto que entraria a un banco a robar solo para comprar el boleto a NYC.

Te extrano.

Y si voy pronto a NYC?

Jose Roberto Coppola

Extranjera dijo...

Giovanellax: totalmente cierto. Conchale ya yo decía que les hacía falta algo, era azúcar. Ya se para la proxima. Gracias.
Ane Marie: sí, eso es duro, y la nostalgia siempre acompaña.
Vanesa: si el queso feta sirve pero aquí se consigue uno blanco mexicano que supongo que también venden allá, que es sabrosito. Uy golfeados... no me des ideas.
Herminia: uy osea que la cosa no mejora. Bueno nada, habrá que ir toreando la vida a punta de sabores que nos conecten con los recuerdos. Eso que dices de volver a emigrar me parece tan duro, pero sí, así es la vida, y a lo largo uno descubre que es más fuerte de lo que uno creía.
Víctor: bueno ahora que estas en NY un día te invito a la casa para que comamos empanadas. No prometo que sean como las de Margarita pero harán las veces.
Carla: es cierto, menos mal que podemos volver a casa a través de esas cosas tan simples, sino dolería mucho más estar lejos.
Andrés: te entiendo con lo de ser flojo para ejercitar, yo soy igual y tiendo a engordar. No es buena combinación.
Hermana: que bello tu comentario. Está mejor que el post. Jajaja. Te acuerdas? Mas de alguna vez comimos empanadas juntas. Cónchale quiero verte. Hay empanadas en Puerto Rico?
Agustina: que ricas son, verdad? Aunque las de ustedes son diferentes, son sabrosísimas.
Charal: creo que uno nunca se siente tan venezolano como cuando vive en el extranjero. No me queda duda de donde soy y a donde me deba, por más que ame esta ciudad y por más que vaya a pasar un tiempo aquí.
Lore: uy, la Caracas de mis tormentos, falta poco para volverla a ver.
Jose: en menos de lo que canta un gallo estaremos juntos. Bueno, ok, no tan rápido, pero si pronto.
Abrazos a todos

Ani dijo...

Es dificil ser extranjera... pero lo haces bien.. Me identifico tanto con muchos de tus posts. Cuando salgo de viaje, siempre lo primero que empiezo a extrañar de Venezuela es el desayuno, puedo lidear tranquilamente con la cena y el almuerzo, pero me canso al segundo día de los muffins, mermelada, panquecas, bagel y cereal.. quiero mi empanada de queso o cazon, arepa frita con diablito, tequeñones en la cantina o el tipoco desayuno dominguero con Aguacate, queso rallado, perico.. entre otros