lunes, 19 de enero de 2009

Las damas del swing

La big band sonaba y ellas bailaban. Los pies, uno primero, otro después, en línea. Las caderas de un lado al otro. Los hombros en alto. Los brazos sueltos para el compañero. La sonrisa pícara imborrable. La piel negrísima brillante; por el sudor. Era noche de baile en el Swing 46, un bar restaurante en la calle 46, entre la octava y novena avenida.
Licantro encontró el sitio en Google, y hace dos lunes a las 11 de la noche, llegamos ahí junto con su hermano, la esposa y Luciana. La cara de todos fue la misma al entrar. Asombrados, no seguros de que estuviésemos donde creíamos que debíamos estar. Un sitio grande, de madera y muebles de cuero, con decorado en rojo, creo. Casi vacío. Una big band al fondo, 15 músicos, al menos seis saxofonistas, tocaban esta música afroamericana variante del jazz . Una pista amplia sólo con dos parejas: las dos damas de la caderas campaneantes y sonrisas imborrables, y sus compañeros. Vestían raro. Vestían hermoso.
Una de ellas, la de la cola de caballo en lo alto de la cabeza tenía una falda de tela estampada acolchada que marcaba una cintura que hasta Olivia Newton en sus mejores tiempos hubiese envidiado. Llevaba collar de perlas, medias de nylon negro y zapatos de punta y tacón. Tendría 60 y era increiblemente graciosa. A medio camino entre la sensualidad y la ternura. Movía los hombros mientras le daba la espalda a su compañero y lo miraba con cara de niña que come dulces a escondida de sus padres.
Se llamaba Lana, se crió en Harlem y aprendió a bailar con su padre. Va al Swing 46 todos los lunes porue le gusta la banda. Y siempre se engalana. "Esta falda es original de los 50. La uso para bailar pero también para salir". Bailó con el hermano de Licantro, se acercó a nuestra mesa y nos dijo que el fin de bailar era divertirse. Luego nos invitó, más bien ordenó, que nos paráramos pues era el último set. Al lado de ella daba un poco de pena bailar, pero Licantro y yo hicimos lo que pudimos. El movía los pies coordinadamente y yo trataba de imitar la batida de hombros dando la espalda con sonrisita de niña que come dulce.
La otra dama bailaba con mayor reserva. Sus movimientos eran sensuales sin pizca de ternura. Eran refinados. Llevaba un vestido negro ajustado a la cintura, medias negras, zapatos de tacón negro, guantes negro, sombrero con pluma, también negro. Sólo los zarcillos y el collar de brillantes no eran del mismo color que el resto del atuendo. Sonreía poco, sólo miraba a su pareja y sus pasos eran largos y lentos. Se movía a lo ancho por la pista siempre con el cuello levantado. Aceleraba sólo al ritmo de los saxofones, y se sentaba por un minuto luego de cada canción.
Lana dijo que eran varias como ella y su compañera de pista, que iban los lunes y que bailaban los tres sets. Iban porque era "too much fun" y porque salía de ahí contenta. Tenía razón. Yo salí también contenta. Con la ilusión de volver. Con las ganas de bailar como ellas. Con el deseo de despertar malos pensamientos sólo con el movimiento de mis hombros.

5 comentarios:

Terapia de piso dijo...

La última frase: hottttt, hottttttttttttt, HOT

Un abrazo

José Roberto Coppola

A-nah! dijo...

¡Yo quiero ir contigo y con Lana a bailar Swiiiing!

Luciana dijo...

Mención aparte el viejito que nos sacó a bailar. Al pricipio pensamos que eramos nosotras que no dabamos pie con bola, pero luego nos dimos cuenta de que el tampoco sabía mucho, pero bailaba tan contento que nadie lo notaba!

Lu!

PD: Tenemos que enfilarnos a east Harlem a los lugares de salsa!

Andrés Schmucke dijo...

¿Quieres despertar malos pensamientos? Mmmmmmm, ¿bailaste bien? Yo no bailo ni los ojos jajajajajaja.

¿Cómo empatabas a los G.I Joe con las Barbies? Los G.I Joe eran chiquiticos y las Barbies altisimas. Ya viene la película, mássssssssssss finooooooooo.

Extranjera dijo...

Terapia: ese es un nuevo hot.
Anah: ven, te estoy esperando, te llevo a bailar swing y te presento a Lana.
Luciana: viejito loco. Hay que descubrir East Harlem.
Andrés: todas las mujeres queremos despertar malos pensamientos. Los hombres, no?
pd: que importa que las barbies fueran grandes, hacian una pareja dispareja...