sábado, 13 de septiembre de 2008

La ciudad de los importantes

En Washington D.C todos, o al menos la mayoría, quieren ser o parecer personas importantes, algunos porque tienen la ilusión de cambiar el mundo, para bien o para mal, y otros porque tal vez sin saberlo se mueren por pertenecer a la élite, pequeña y selectiva, de la ciudad más influyente del mundo (en términos de decisiones políticas al menos).
Esto lo supe la mañana siguiente a mi llegada. Era lunes y debía ir desde Mount Pleasant, en dónde me alojaba, hasta la calle H con la 16, muy cerquita de la Casa Blanca, en dónde sería el curso de periodismo de finanzas que tomaría. La linda de Coral, mi amiga de la infancia, quien vive en la capital desde hace más de 10 años, me acompañó a tomar el autobús porque no quería que me perdiese y llegase tarde a mi primer día de curso. No le dije nada en ese momento, pero sí se me hizo curioso que las 20 personas que estaban en el autobús vestían de taller (en el caso de las mujeres) o de flux (en el caso de los hombres), sonreían poco, y tenían un carnet guindado del pantalón, o la falda, o la camisa, que decía USA Government o, Departament of State, o World Bank, u OEA o International Center for ............... (en este espacio en blanco vale colocar, profesiones, misiones o cualquier idea que pase por la cabeza).
Yo me sentí un poco nerviosa por mi vestimenta, ya que no soporto un taller, y llevaba un vestidito de algodón tal vez demasiado corto para los estándares capitalinos. "Esta es una ciudad muy conservadora. Es muy diferente como se viste la gente aquí que en Nueva York donde te pones lo que te venga en gana y nadie lo nota", me dijo Coral. Además, a falta de carnet, se hacía obvio que yo era una outsider.
En el curso todos, menos yo, eran periodistas radicados en D.C u personal del International Center for Journalist. El encargado de la logística del curso contó que antes había trabajado como editor en el Departamento de Salud y Servicios Humanitarios, y que por un tiempo había sido traductor. Su esposa trabajaba para el Departemento de Estado. El novio de una de las talleristas era ingeniero de sistema de El Pentágono, y el corresponsal de Radio Caracol, cursaba una maestría en Internationals Affairs en Georgetown.
Pregunté ingenuamente si en esa ciudad todo el mundo trabajaba o deseaba trabajar para el Gobierno, o para alguna organización estatal o internacional, y me contestaron "Claro, esto es Washington, qué esperabas". No sé. La verdad no esperaba nada, tal vez por eso me sorprendió tanta seriedad. Sentí que no había lugar para la espontaneidad, para aquél que simplemente llegaba a la ciudad, y supongamos, quería abrir una tienda de artículos deportivos, o una tienda de mascotas, que debo decir vi muy pocas mientras estuve en D.C.
Esa noche caminé con Coral por los alrededores de la Casa Blanca. Luego fuimos a la OEA, al Licoln Memorial, el lugar donde Martin Luther King dio su famoso discurso "I have a dream", y al monumento en conmemoración de la Segunda Guerra Mundial. Mientras caminábamos le conté lo que pensaba y me dijo, "Sí, es así, aquí todo el mundo tiene aspiraciones políticas o deseos de cambiar el mundo. Aquí no hay artistas, modelos, pintores, escritores; para eso Nueva York". Cierto. O Los Ángeles. Me pregunté sin ningún prejuicio si lo que Coral llamaba aspiraciones políticas o ganas de cambiar el mundo no sería tal vez deseos de protagonismo.
Coral, estudió asuntos internacionales y luego hizo un postgrado en salud pública, y ahora trabaja para una ONG en el ramo de la salud, que entre otras cosas, lleva a cabo una campaña de prevención del SIDA. "Mi trabajo es repartir condones". Los amigos de Coral también trabajan todos en cosas importantes: en la embajada, en agencias de comunicación ligadas a alguna embajada, en el Banco Mundial. "Aquí es muy difícil conseguir trabajo porque hay demasiada competencia. Todos hicieron la misma carrera en la misma universidad y cursaron el mismo postgrado. Por eso a veces tienden a pagar mal, porque saben que si tú no lo tomas hay 100 personas detrás de tí que si lo harán".
¿Pero por qué es tan marcado tal anhelo de pertencer a alguna de estas organizaciones? Es que no pertenecer, es percibido como un fracaso? ¿O es que no hay más trabajos en esa ciudad? Me pregunté lo obvio: ¿En Washington D.C están todos compitiendo por tener aunque sea un rinconcito de protagonismo en esa élite de poder?
Me recordé de las palabras de la Gobernadora de Alaska Sarah Palin, ahora candidata a la vicepresidencia junto al candidato republicano John McCain, de quien debo decir no me agrada demasiado, no porque sea republicana, súper conservadora y tenga 5 hijos, sino porque a la gente le ha dado por decir que me parezco a ella. Lo cual es imposible, porque yo soy bonita. Al menos eso necesito creer. Palin dijo que si uno no pertenece a "The Washington Elite", y es una persona desconocida, que proviene de la nada ( o Alaska, que es lo mismo) los medios lo acribillan.
En mi segundo y último día en Washington, luego del curso, fui con Coral y dos amigas al concierto de Julieta Venegas en el Kennedy Center, luego a comer japonés y por último a un Lounge, pues celebrábamos el cumpleaños de una de sus amigas. Mientras tomaba cerveza me planteé conversar con los amigos de los amigos de Coral, en su mayoría gringos. Sabrina, nacida y criada en D.C, estaba ansiosa porque había conseguido un trabajo en el Banco Mundial, por demás decir una de las organizaciones más prestigiosas. Hasta quienes tienen un buen trabajo en otro organismo quieren trabajar allí.
Jason, original de Cincinnati, me dijo que era cierto, que todos en D.C tenían grandes aspiraciones, que algunos deseaban ser políticos para cambiar las leyes, y otros querían salvar al mundo, aunque todos no lo lograran, o ni siquiera fuesen en el camino correcto. Él con apenas 24 años, había estudiado ciencias políticas y ahora estaba haciendo un master en Recursos Naturales. Le pregunté qué iba a hacer con eso, pues no tenía idea alguna de qué hace alguien que estudió Recursos Naturales, básicamente porque nunca había conocido a nadie que hubiese hecho su maestría en eso. Él me dijo que el campo de trabajo era muy amplio, pero que él quería trabajar con los corales marinos. Para ser más exacta, me dijo que los corales estaban muriendo, y que él quería salvarlos.
- Osea que tu también crees que vas a cambiar el mundo, ¿no eso un lugar común aquí?
- Sí, lo es- me contestó. -Pero yo soy diferente, yo sí lo voy a lograr. Todo el que se propone cambiar el mundo es porque confía en que lo va a lograr, aunque más tarde se de cuenta de que no era posible. De que tal vez el mundo no quiere cambiar, o de que quizás es un acto de arrogancia estar en una ciudad; vivir,trabajar, y estudiar en ella, para pertenecer a un círculo demasiado pequeño: al círculo de los importantes.
En medio de la plática y una par de cervezas, comenzaron todos a repartirse sus tarjetas, la mayoría con sellos pomposos. Pensé en las mías, hechas en Staples por casi 25 dólares y en lo poco elaboradas (balurdas para decirlo cómo es) que lucían y me dió un poco de vergüenza repartirlas, sobre todo porque ya en el curso un colombiano me había dicho "ay es sencillita, que chévere" y yo me quedé con ganas de responderle "pero qué quieres, que sea interactiva".
Entre el grupo que estaba en el lounge sólo había una persona sin tarjetas, una chica rubia, espontánea con sonrisa imborrable que mientras encuentra empleo en lo que estudió (asuntos internacionales con maestría en Estudios Latinoamericanos) trabaja en una tienda de bicicletas. A ella fue la única que genuinamente le pareció gracioso hacerse unas tarjetas en Staples, y dijo que iba a hacer lo mismo, sólo por verle la cara a los demás -¿la élite?- cuando se las repartiese.

3 comentarios:

Coral dijo...

Washington es una ciudad transitoria, y esa es la observación más común que hacen los que la visitan. La mayoría de los residentes del sector NW (noroeste) de DC son en realidad solo visitantes, como no pasan más de 1-3 anos viviendo aquí. Ellos vienen buscando la oportunidad de tener un pedacito de influencia en las grandes decisiones del día. Lo interesante es que nadie esta de acuerdo de cómo vamos a “salvar el mundo”…aquí hay mucha pasión, y muchos sueños, pero también mucho conflicto. Los numerosos lados de cada argumento se encuentran toditos aquí, ¿como vamos a arreglar el sistema de salud para que las familias de bajos recursos estén aseguradas y las empresas farmaceutas no se enriquezcan porque hay gente enferma? ¿Como vamos a reducir la dependencia del petróleo, dejar de contaminar el medio ambiente y reformar las normas de inmigración?

Las personas que les importan estos temas, y todos los otros relacionados con la economía, la política y los derechos humanos a nivel global, están aquí. ¡Esta es la razón que es tan emocionante! Desafortunadamente, nos interesa mucho mas las tierras y las pueblos lejanos, abstractos, y globalizados, y poco nos ocupamos de los que siempre vivieron aquí, mas de 80% Afro-Americanos, con niveles de pobreza y racismo altísimos. Ellos no decidieron mudarse para Washington, pero siempre estuvieron aquí, y ellos no tienen influencia en las decisiones importantes, porque son casi invisibles. La verdad es que nosotros que venimos de lejos tampoco tenemos influencia sobre las decisiones importantes, todo es una ilusión. Palin esta correcta cuando dice que hay un grupo pequeño de elite en Washington…que son casi todos hombre blancos y ricos. Espero que todo eso cambie en Noviembre. Pero, chica, tu definitivamente no te pareces para nada a Palin, que bobería!!!

Extranjera dijo...

Mi linda Coral gracias por tus comentarios, si alguien conoce Washington eres tú que tienes años viviendo ahí y que además eres súper analítica. Todo lo que dice es absolutamente cierto, por desgracia. Los importantes en realidad siempre han sido invisibles, para Washington y para todas las élites de poder alrededor del mundo. Tiende a ser un patron que se repite. Pero de eso sabes tú más que yo. En todo caso, yo que soy más pesimista que tú, no estoy tan segura de que eso vaya a cambiar en noviembre. Ojalá sin embargo, que haya un cambio, porque creo que este país, en el que tengo muy poco tiempo, pero al que le tengo un gran cariño y respeto, lo necesita. Urgente.
Sobre Palin, no sé, la gente insiste... Hasta Licantro!

DINOBAT dijo...

No todos en DC somos "malos"...