sábado, 27 de septiembre de 2008

Una mano izquierda para Brooke

Brooke tiene una nueva mano izquierda. Se llama Megan, vive en Los Ángeles, como ella, estudia en el Fashion Institute of Design and Merchandising, como ella, y tiene 25 años, tres menos que ella. Megan, la nueva mano izquierda de Brooke, hace todo lo que la vieja mano de Brooke no puede hacer: le sostiene la tela mientras ella corta con la derecha, le lleva los libro, se sienta a su lado en el salón de clases y hasta alguna veces le ha hecho una cola de caballo en el cabello para que éste no se le venga a la cara.
El doctor le dió la noticia hace algunos meses. Le dijo a Brooke que la caída que había tenido y el golpe que se había dado en el brazo izquierdo habían terminado en un codo de tenista y le advirtió que no podría usar ese brazo por un tiempo. Ella salió del médico desconsolada, directo a la universidad creyendo que no le quedaría otra que retirar el semestre y aplazar su sueño de convertirse en diseñadora de modas. Afortundamente, se sorprendió cuando en la escuela le dijeron que no se preocupara, que ellos le encontrarían una mano izquierda.
Ella llamó a su amigo de toda la vida Mark y este se burló diciéndole que era la idea más estúpida que había escuchado en mucho tiempo. Brooke le dio la razón y lloró aún más pues aunque la universidad de verdad le quisiera buscar una mano izquierda, no imaginaba que alguien pudiese aceptarlo. Se equivocaba.
Más tarde la llamaron y le dijeron que habían contratado a una estudiante para que hiciera todo lo que ella no pudiese hacer con el brazo izquierdo. Así, Megan cursó un semestre que no era el de ella, asistió a todas las clases, firmó la lista de asistencia, hasta tenía un pupitre junto al de Brooke. Los compañeros de clase la llamaban "Brooke's left hand" (la mano izquierda de Brooke).
Brooke terminó su semestre con un promedio muy cercano al 4 (la máxima nota por aquí). Ahora vuelve a su país natal para hacer la fisioterapia que debería curarla y Megan llora porque se va sentir sóla. Brooke le dijo que no se preocupara que ella volvía en unos meses.
Brooke cuenta la historia de su mano izquierda entre risas pero le hace saber a los oyentes que no es tan cómico como se escucha. "Cada vez que quería usar mi mano izquierda tenía que llamar a Megan". La tristeza que siente, supongo, es producto de una certeza que a algunos nos llega más tarde que a otros: no somos autosuficientes, no importa cuánto intentemos serlo, no lo lograremos. Nadie se basta a sí mismo. Lo sabe ahora ella, y lo sabe también Megan, la mano izquierda, que ahora sola en Los Ángeles extraña ser parte de Brooke.

4 comentarios:

Luciana dijo...

Chica eso de ser la mano izquiera es como raro... siempre uno se busca una "mano derecha"

Extranjera dijo...

Lo sé, pero esta historia es absolutamente verídica. Le pasó a una prima mía. En serio.
Gracias por leerme Lu

Carito dijo...

A veces son seres humanos que hacen de mano, otras son aparatos, lo importante para mí es que al final, somos capaces de resolver, sin mano, sin pie, sin cadera, pero nunca sin espíritu! ahí si es verdad que no hay nada que hacer...

Extranjera dijo...

Tienes toda la razón Carito sin fortaleza de espíritu no queda nada que hacer. Saludos y gracias por leerme.
Carla