lunes, 18 de agosto de 2008

Caramelo delicioso (Parte II: Katrina)

Candy, la negra deliciosa, me contó está historia en desorden e interrumpida mientras recorríamos el aeropuerto de Atlanta en busca del shutle que nos llevaría al hotel. Cuando me dijo que había nacido en un pequeño pueblo de Luisiana pero que desde hace más de 10 años vivía en New Orleans quise saber sobre Katrina. Le pregunté sin pensarlo demasiado.
Todavía Candy no se atreve a precisar si fue buena o mala suerte -aunque ella en realidad no cree demasiado en la suerte ni en las coincidencias- pero justo el fin de semana que comenzó el huracán ella se había ido a Cabo San Lucas, México, a la boda de una de sus mejores amigas.
No le dijo nada a su padre, el único familiar que vieve en la ciudad, pues pensó que era sólo un fin de semana y no había razón para preocuparlo. Tampoco le avisó a la administración de la residencia de personas de la tercera edad donde él habita pues total eran sólo tres días. Se fue el viernes, y el sábado comenzaron a llegarle noticias de que un huracán se acercaba a New Orleans. El domingo comenzó su travesía de vuelta a casa, la que finalizaría sólo un mes después. Voló desde Colorado hasta Houston y de ahí alquiló un carro para ir hasta New Orleans. Su padre tiene 80 años, y Candy sabía que él no iba a querer irse. "Mi papá no se iba a mover de su ciudad, él es de los que no evacuan". Candy casi tuvo razón y digo casi porque al llegar de Cabo encontró en su celular decenas de mensajes de voz de la residencia de su padre en los que le preguntaban dónde estaba pues su papá no quería moverse sin ella. "Él les decía, 'ella viene por mí, no me voy sin ella'", me contó con la voz quebrada pero con el rostro firme y lo ojos secos.
Lo más cerca que pudo llegar fue a Baton Rouge. Se alojó en un hotel, y desde ahí llamó a la residencia de su padre, atragantada de angustia, rogándole a Dios que hubiese evacuado hacia algunas de las sucursales que el hogar tiene alrededor del país.
- Llamé y me dijeron que sí, que finalmente había evcuado, le di gracias a Dios, lloré por el teléfono y les pedí que me dijeran dónde estaba, que yo lo iría a buscar a cualquier estado del país. No importaba.
Candy casi no pudo creer lo que la voz al otro lado del teléfono le dijo.
- Mi papá estaba en Baton Rouge, a una milla del hotel dónde yo me encontraba. De todos los lugares de Estados Unidos, de todos los del estado de Luisiana, mi papá estaba sólo a minutos de mí. Eso no es casualidad, eso es Dios, eso es el universo. Eso es otra cosa.
La última parte de la historia es la esperada: encontró a su padre y estuvieron en Baton Rouge, tres semanas más hasta que se permitió la entrada a la ciudad.
- No la reconocí. Todo había flotado. Casas de amigos, lugares conocidos. Gente había desaparecido para siempre.
Su casa no flotó como otras de esa zona. Hubo daños mayores, pero su hogar seguía en pie.
- Que es bastante decir, señala.
Candy no cree que la ciudad pueda volver a ser la misma, no ahora, no en mucho tiempo.
- Habrá que esperar y ver. Pero cúando llegues no vas a tardar mucho en darte cuenta que es una ciudad dolida, con heridas que no cicatrizan.

2 comentarios:

Dani dijo...

Recuerdo tu miedo terrible a la primera persona.. recuerdo leer con recelo mi constante primera persona, mi arrogancia de creer que al mundo le importa lo que a mi me pasa, lo que pienso... quien iba a decirlo mi carli, que con la primera persona ibas a poder contar tantas cosas maravillosas. Quien iba a decir que tus textos iban a ganar tantan personalidad. Que al fin realmente se escucharía tu voz, y no un monton de reglas periodistas una tras la otra.
Te quiero.

Extranjera dijo...

Mi Dani que palabras tan preciosas. Gracias. Sí, quien iba a decirlo, yo no al menos. Nunca me imaginé que podría contar todas estas cosas, siempre pensé que a nadie le importaría lo que yo tuviese que decir. Creo que llegue al punto en que no me importa si a la gente le interesan o no, simplemente necesito contarlas, y si les interesa fantástico, y si no pues nada, hay millones de cosas por leer en este mundo.
Te quiero.