martes, 19 de agosto de 2008

Caramelo delicioso (y Parte III: Racismo y doble despedida)

Bajé al lobby a las 5:50 am. Diez minutos después justo antes de que saliera el autobus que nos llevaría al aeropuerto apareció ella. Se había quedado dormida. Llegó con su cabellera caramelo más despeinada que el día anterior, sus dos maletines de mano a reventar y la cartera también a punto de explotar. Llevaba lentes oscuros y a pesar del trasnocho se rehusó a tomar un café.
- No soy persona de café, dijo.
Candy, la negra deliciosa, se había acostado a las 2:30, mucho después de los huevos fritos y de llamarme mensajera de Dios. Había tenido que mandar un email para decir que no llegaría a la reunión y que otra de sus compañeras debía hacer su presentación. Nunca me dijo en que trabajaba yo tampoco le pregunté.
Llegamos al aeropuerto en 20 minutos y como no teníamos que hacer el chequeo, pues la noche anterior la aerolínea había tenido la decencia de darnos los boarding tickets, 10 minutos más tarde ya estábamos en la puerta de espera. Ella se puso a leer el libro Black Like Me de John Howard Griffin y yo saqué la última edición de la revista New York, cuyo tema principal es el racismo. Al minuto nos dimos cuenta de que estábamos leyendo sobre el mismo tema. Intercambiamos. Abrió la revista y leyo una frase de un estudiante negro: "No estoy diciendo que tú, en particular eres racista, sólo digo que vivimos en un mundo donde es más fácil ser blanco que negro".
Le pregunté si ella pensaba si era cierto, me dijo que sí. Y me recordó los sucesos de Katrina, y las matanzas en África, y cómo actuaron los respectivos gobiernos en esas ocasiones. "No importe donde sea, mientras los rostros sean negros, el mundo se mueve más lento". No dije nada, pero sabía con dolor en el alma que seguramente tenía razón. Habló del libro de Griffin, una obra de no ficción en la que el periodista se somete a un tratamiento médico para cambiar el color de su piel y contar cómo fue ser negro y desempleado en los años 50 y 60 en Los Estados Unidos. Quise saber porque justo en este momento había buscado un libro publicado en 1961.
- Frente a la posibilidad de que Barak Obama se convierta en presidente el racismo es un tema importante en este país.
El avión iba vacio y ambas decidimos agarrar una fila de tres asientos para cada una. El vuelo salió a tiempo, y no hubo contratiempos. A las 9:15 am aterrizó en el aeropuerto Louis Amstrong de New Orleans. Caminamos hasta el área de equipajes, y nos depedimos. Me dio una tarjeta con su teléfono, y me enteré de que su verdadero nombre sonaba como Candy pero se escribía totalmente diferente. Me gustó más mi versión.
La Pata apareció en el aeropuerto casi a las 10:30 am. Se había quedado dormida. LLegamos a su casa, una rosada a la que en la facultad de derecho le dicen The Pink Palace (el palacio rosa), dejamos mi maleta, nos pusimos unos shorts y nos montamos en el Steet Car (un tren/autobus que recorre la ciudad) hacia Canal Street, la calle de las tiendas. Antes de subirme La Pata me dijo algo que me dejó helada:
- Atrás se sientan los negros, tú siéntate adelante.
No entendí, pero me monté en el tren/autobus y me di cuenta de que La Pata estaba equivocada. Los negros estaban sentados adelante, pero del lado derecho. Nos sentamos del lado izquierdo. Le dije que me explicara, por favor de qué se trataba esto, y me dijo, No sé, no está escrito en ningún lado, pero es así. Comenzé a mirar por la ventana y cuando me bajé en la calle, miré a los grupos de personas y vi que era cierto, no había ningún negro caminando junto a un blanco. Esa noche fui a varios bares y ocurrió lo mismo, le pregunté a los amigos de La Pata y me dijeron que "ellos" iban a otros sitios. Entonces Candy tenía razón.
Le comenté esto a mi amigo Mel quien vivió en Savannah, Georgia hace no demasiado tiempo, y me dijo que todo el sur era así, excepto tal vez por Atlanta. No entendía nada. ¿Qué la lucha contra el racismo, y el sueño de Martin Luther King no sucedieron en 1963? Una amiga periodista me dijo hoy, Capaz nunca nada cambió y nos estuvimos engañando todo este tiempo.
A pesar del racismo, y sentir el peso de una ciudad herida, -"un fantasma de la ciudad que fue", la llamó mi amiga periodista- mis tres días en New Orleans transcurrieron entre cervezas, Huracanes (así se llama la bebida que todos toman y nadie sabe que tinene, no se si es una casualidad o una ironía), trasnochos demenciales, paseos por Magazine y Bourbon Street y picnics en el parque Audubon.
El lunes a las 7:00 am cuando abordé el avión estaba más dormida que despierta y no puedo dar fe de si lo que ocurrió a continuación fue verdad o producto de mi imaginación:
- You have to be kidding me (esto tiene que ser una broma) me dijo una mujer negra de cabellera caramelo.
¿Candy? ¿Era ella? ¿Que hacía ahí?
- Voy a Boston con escala en Charlotte, supongo que tú vas de regreso a Nueva York.
No pude hablar. Traté pero no pude.
- ¿Tú sabes lo que esto significa?
Pero no sabía. No entendía nada. No entendí la noche en la casa de los waffles, y su historia de Katrina, y nuestra charla sobre el racismo, y mis absurdos días y alucinógenas noches en New Orleans. Me acordé que Candy no creía en casualidades. Yo tampoco.
La deliciosa durmió todo el viaje, refugiada en sus lentes oscuros. No me habló en todo el vuelo, sólo a la salida del avión me dijo con una media sonrisa:
- Espero no verte en mi vuelo a Boston.
Todavía, y con su tarjeta guardada en mi cartera, me pregunto sobre la verdadera existencia de Candy. Prefiero no responderme.

5 comentarios:

Juan Manuel Guadelis dijo...

Me divierte lo que escribes...
Un saludo desde la extranjeria!

Extranjera dijo...

Jajajaja. Gracias por escribirme, espero que todo esté bien por allá.

Dani dijo...

Las casualidades no existen...
Un beso grande.

Extranjera dijo...

Estoy de acuerdo amiga. Lo difícil es darle sentido a aquello que llamamos casualidad.
Otro beso para tí.

Andres dijo...

No soy lector de blogs, pues me aburren la mayoría de las veces. Pero este me recordó de alguna manera a los cuentos de Raymond Carver. Quiero decir que me gustó mucho lo que leí. Recibe muchos saludos, y dale un abrazo al tocayo de mi parte.