viernes, 10 de octubre de 2008

La voluntad de Muriel

Muriel tiene 20 años de edad, 1 viviendo en Nueva York y una hija de tres años que tuvo a los 17, a quien no ve desde hace 3 meses. Muriel no habla ni papa de inglés. Hasta ahora se las ha arreglado porque vive en Washington Heights (como yo), una zona dominada por dominicanos. Estos son los números más importantes en la vida de Muriel: los 20 años que lleva con la frescura de quien tiene 15 y la experiencia de quien tiene 40, los 12 meses que tiene trabajando en el turno nocturno como vendedora en una pescadería, los 3 años de su niña Liz, y los tres meses que tiene sin verla.
- No me la podía traer, tú sabes. Yo no estoy estable, voy de un cuarto a otro. Gano bien sí, pero trabajo de noche y salgo oliendo a pescado. Quiero un trabajo mejor pero necesito aprender a hablar inglés. Me hace un falta mi niña. Cada vez que hablo con ella lloro.
Muriel está parada detrás de mí en un salón en la iglesia de River Side Drive para aplicar a un programa de inglés intensivo y totalmente gratuito dirigido a inmigrantes, asilados y refugiados políticos. Técnicamente ninguna de las dos está en esta categoría, pues aunque ella nació en República Dominicana, a los tres meses se vino a Estados Unidos donde sus padres vivían. Luego regresó a su tierra natal y posteriormente a Puerto Rico. A ninguna de las dos nos importa. Ambas lloramos para que nos acepten. Parece funcionar.
- Yo culpo a mi madre, por no haberme enseñado el inglés por no haberme apuntado a un colegio bilïngue, por devolverse a Santo Domingo a dar a luz. A quién se le ocurre. Dice que porque aquí la iban a obligar a tenerme por parto natural, y ella quería cesárea.
Muriel trabaja desde los 12 años. Nunca ha necesitado dinero de nadie. Cuando le ha hecho falta ella lo ha buscado y no dinero fácil, sino del que se hace trabajando, dice. La crió su Nana, una vecina, quien ahora está criando a su hija, pues su padre nunca vivió con ella y su madre sufría de los nervios.
- Está loca, pobrecita. Toma pastillas. Nunca ha hecho nada en su vida, no estudió, no trabajó, sólo sirve para ser la mujer de alguien. Por eso yo estoy aquí.
Se refiere a que por eso quiere aprender inglés, consguir un mejor trabajo, estabilizarse, alquilar un apartamento y traerse a su niña. Y para cuando ésta esté en el colegio ella terminará el bachillerato.
- Sólo llegué a octavo. Quiero estudiar ingeniería de sistemas. Me encanta desbaratar una computadora y volverla a armar.
Se siente sóla claro está, tiene un novio machista y celoso con quien comparte algunas noches, una hermana recién llegada a quien no ve mucho, y un padre que está en algún lugar del Estado de Nueva York que no puede precisar.
- Yo parí a mi hija sóla, aquí en Estados Unidos. El papá se quedó en República Dominicana, mi madre estaba en Puerto Rico y mi papá apareció dos días después del parto cuando ya me habían dado de alta. No lloré.
Muriel es fuerte, es obvio. Y se lo digo.
- Y eso que no te he contado ni la mitad de las cosas que me han tocado vivir, pero está bien. No me quejo. Yo puedo con eso y más.
En su voz no hay duda, tampoco hay un tono de venganza o resentimiento, hay una insólita candidez y una ingenua alegría que se corresponden perfectamente con su rostro juvenil, moreno, de cejas perfectamente arqueadas y pestañas largas y su vestir de joven dominicana a la que le gusta el reguetón: jeans ajustados, sudadera, sneakers.
A Muriel le gusta contar su historia, no lo dice abiertamente pero se nota en el modo en que sus palabras fluyen como un hilo delgado que sale de la garganta, y no como piezas de rompecabezas que escupe sueltas. Y como la noto cómoda, no tengo reparo en decirle lo que pienso: que su madre tiene problemas, pero que son los problemas de su madre y no los de ella, que el novio que tiene no vale la pena, que es urgente que aprenda inglés porque con lo despierta que es no le va a costar conseguir un mejor trabajo, que debe terminar su bachillerato, traerse a su hija, y más adelante ir a la universidad.
A ella la palabra universidad le suena grande, y dice que eso debe ser muy caro. Le recuerdo que ella es ciudadana americana y que hay becas y préstamos a su disposición y que sólo debe tener ganas. Como estamos en Riverside le propongo que caminemos hasta Columbia University. Le explico que yo quiero estudiar allí, y luego de un recorrido decide que ella también. Que ella sabe que algún día lo va a lograr.
- Yo no voy a repetir la historia de mi madre. Empecemos con el inglés y de ahí vemos.
A Muriel espero verla cuando empecemos el curso el 17 de octubre. Si todo se da como debería, nos vamos a ver todos los días durante dos meses. Yo se que Muriel es una guerrera y que no necesita pedirle ayuda a nadie, pero yo quiero dársela. Quiero mostrarle que con esfuerzo los patrones se rompen y que ella no es su madre. Y quiero que mantenga sus ánimos de guerrera intactos. A cambio quiero que me enseñe a ser fuerte, y que me recuerde lo afortunada que soy, y todas las razones que tengo para elegir reír en lugar de llorar. Quizás estoy esperando demasiado. De ella y de mí. Ya veremos.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay personas que no saben qué tan fuertes son porque les ha tocado desafiar una vida dura desde que nacieron.

Federico Pola

Extranjera dijo...

Gracias Federico. Tienes toda la razón. Es el caso de Muriel y de muchos otros que se han visto con vidas difíciles.
Gracias por leerme.

Wilber dijo...

Realmente parece bastante dura la vida de esta chica, pero parece que tiene las ganas de comerse el mundo.
Sabes creo que el sitio www.yappr.com podría ayudarlas a ambas en el aprendizaje del inglés. Puedes escribir una entrada y segerirla a tus lectores.
Saludos.

Extranjera dijo...

Gracias por escribir Wilber. Sí la vida de Muriel es difícil pero es una de las personas más sonrientes que he conocido. Voy a revisar esa página que me dices para recomendársela.
Saludos

alinitaxula dijo...

hola guapa tu relato me ha enganchado, hasta que lo acabe de leer. eres un sol
un besin
alinita

Extranjera dijo...

Alinitaxula gracias por esas plabras. Eres una linda.
Abrazos.